martes, 28 de diciembre de 2010

Soplar

No recuerdo el momento en que mi madre me contó que si soplabas con fuerza un diente de león se te cumplía un deseo. Ni siquiera recuerdo si fue mi madre quién me lo contó. El caso es que mucho me tuvo que desconcertar aquella relevación, porque siempre que me he encontrado uno he soplado con todas mis fuerzas.

Tampoco recuerdo si alguna vez se me cumplió algún deseo de tantos que pedí. Eso me hace pensar que mis deseos no eran tan deseados, por eso quizá ni se cumplieron.

Aún así la próxima vez aspiraré fuerte hasta empapar cada minúsculo rincón de mis pulmones y soplaré fuerte para que cada cipsela del diente de león se desprenda y vuele tan lejos como pueda. Esta vez prometo pedir algo que de verdad desee.


miércoles, 22 de diciembre de 2010

Jazz

Por alguna extraña razón asocio los días de lluvia al jazz, o al jazz con los días de lluvia. Será porque me relaja, como también lo hace el sonido del agua estrellándose contra el cristal. Me gusta meterme en la cama por la noche y escuchar jazz a la luz de unas velitas. Cerrar los ojos y susurrar la letra de las canciones, si es que la tienen, hasta quedarme dormida.

El jazz me trae buenos recuerdos, y los días de lluvia también. Quizás no es lo que necesitaba, pero me gusta que hoy se junten ambas cosas...


We may never never meet again...


miércoles, 8 de diciembre de 2010

Esta entrada bien podría titularse "Mierda", por ejemplo...

A veces pienso que me estoy volviendo loca. Y al rato pienso que no, porque si estuviera pasando de verdad yo no me daría cuenta, ¿no?

Cada vez me gusta más pasar tiempo sola, cada vez me gusta menos hablar. Tengo la sensación de que cada vez me hago más diminuta para el mundo y de que llegará un momento en el que seré totalmente inexistente.

El caso es que no tengo interés por nada, y las pocas personas que me hacen sentir un poco viva están tan lejos que es como si no existiesen.


Todo da demasiado asco. O pena. O ambas cosas. ¿He llegado a un punto de no retorno?