No te voy a decir que no se me sigue poniendo la carne de gallina (una sensación tan bonita no se debería de explicar con una frase tan fea). El frío incesante caía sobre nosotros en aquel momento de espera o puede que más bien fuese esperado, y parecía cortar hasta la piel. Me gusta el frío, de hecho creo que siempre me ha gustado, también llevar bufanda y gorro (especialmente el gris), pero eso si, nada de guantes, ni siquiera para jugar con la nieve, aunque luego siempre acabo arrepintiéndome y pensando en que me tendrán que seccionar las manos. Que tristeza me invadía al ver que me estaba convirtiendo en una nostálgica, porque nada me entristece más que la gente que vive pensando en cosas ya pasadas. Ahora lo que más rabia me da es que ya casi ni recuerdo lo que decías. Siempre me olvido de todo demasiado rápido. Hasta de las cosas que más me interesan, que memoria la mía. Pienso en que Enero debió congelar todo aquello y que allí seguirá en suspensión, pero lo cierto es que al instante ya no hacia nada de frío y todo se me tornó combustión. Quizá los recuerdos también tengan fecha de caducidad, y llegado un momento se gasten. Es oír risas enlatadas y se me viene todo a la cabeza. Las caras de monstruito, los nervios, y los momentos de histeria. Y pienso que no merece la pena pensar, sólo actuar. No hay que creer en nada más que en uno mismo, con eso ya tenemos bastante. Pero lo más importante es que hay que reírse de todo. Hasta de uno mismo. De eso, lo que más.
martes, 14 de junio de 2011
Triturador
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