Siempre me da pena irme de Madrid. Es como si dejara allí un cachito de mí cada vez que me marcho. No sé por qué hace un par de años dejó de gustarme, con lo prendada que estaba yo de todo aquello. Sé que no debo, pero unos días antes escribí una chorrada que no llegué a compartir sobre como me imaginaba a la vuelta, no sé si en un intento de buscar una especie de tranquilidad inexistente, o porque a veces me gusta imaginarme en espacios y tiempos futuros. Sólo un texto y nada más. Pero como hay una fuerza que siempre me obliga a beber los tragos que más aborrezco, aquello que tanto me asustaba acabó finalmente por suceder.
A lo mejor es por eso que vuelve a gustarme Madrid más de lo que me había podido imaginar antes de irme. Allí sentada en la estación de Chamartín pensaba en que siempre acabo perdiéndolo todo. Quizá esta vez sea mejor así.