
Pensé que era imposible que aún me picara más el gusanillo del teatro, pero ayer me volvió a picar, y a demás bien.
También pensé que ya era imposible admirar más a Carmelo Gómez, pero con cada nuevo trabajo alucino más.
Ayer fui con Pilar a ver Días de vino y rosas. Me hizo ilusión que quisiera venir, porque ella es de las pocas personas que me animó a decir en casa "Mamá quiero ser artista...". Me hizo ilusión, iba a ver a mi actor favorito por primera vez en vivo y en directo, y pensé que nadie mejor que ella para compartir ese momento.
Sabía lo que me iba a encontrar, sabía que iban a ser dos horas duras. Pero me gusta salir del teatro con un sabor amargo, me gusta que me hagan pensar durante y después de la función. De camino a casa pensé en que pasaria si toda esa gente a las puertas del abismo viese esta obra. Se me vinieron a la cabeza muchas personas, unos más conocidos, otros menos. Es horroroso el daño que causa el alcohol, no sólo en la persona que lo consume, si no en las personas que están a su alrededor. Una historia increible. Dos actores colosales que nos hacen ver que la realidad, una vez más, supera la ficción.
Siempre que veo algo que me gusta os lo recomiendo. Pero esta obra os la recomiendo encarecidamente. ¡No os la perdais por nada del mundooooooo!




